Las tasas de depresión son más elevadas en los obesos y los individuos con sobrepeso que en personas de peso normal, y si bien las cifras no se monitorean recíprocamente en forma precisa, la incidencia tanto de la obesidad como de la depresión está creciendo.

Las mujeres, sobre todo, tienen más probabilidades de tener sobrepeso y estar deprimidas, según los centros de control y prevención de las enfermedades. Y algunas investigaciones sugieren que un trastorno del ánimo subyacente puede ser responsable de 1 de cada 4 casos de obesidad.

 

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La presencia de dos problemas de salud -en la jerga médica, comorbilidad- plantea un problema tanto para las personas que están excedidas de peso como para sus proveedores médicos y recuerda el viejo dilema del huevo y la gallina. ¿Los problemas de peso llevan a las personas a deprimirse o éstas adquieren sobrepeso porque están deprimidas?

No existe una respuesta definitiva a esa pregunta, pero algunos especialistas en obesidad dicen que la depresión y sus trastornos del ánimo deben resolverse antes de que una persona luche con la balanza.

Iniciar un esfuerzo intencional para bajar de peso en medio de una depresión mal manejada es como iniciar una maratón teniendo un tobillo con un esguince“, ha escrito el Dr. Yoni Freedhoff, especialista en obesidad de Canadá.

“Mi consejo es directo. Si usted tiene una depresión, antes de emprender un tratamiento para bajar de peso y aunque su peso incida en su bajo estado de ánimo, le conviene tratar su ánimo antes que su peso“.

Investigaciones realizadas en la Universidad de Alabama y otros lugares parecen respaldar la posición de Freedhoff. En Alabama, los científicos constataron que adultos jóvenes que reportaron altos niveles de depresión al comienzo del estudio aumentaron la mayor cantidad de kilos en los siguientes 15 años. Pero los que comenzaron con sobrepeso no experimentaron cambios considerables en la depresión, lo cual sugiere que ésta tiene un mayor efecto sobre el peso que el peso sobre la depresión.

Por su parte, una investigación publicada en marzo en Journal of the American Medical Association, demuestra que, si bien 7 de cada 10 estadounidenses adultos son obesos o tienen sobrepeso, somos menos los que estamos tratando de adelgazar; hemos tirado la toalla antes incluso de que nos llegue el traje de baño y esto puede deberse, en parte, a que estamos deprimidos.

Uno de los síntomas de un trastorno depresivo importante es la desesperanza, el sentimiento de que nada de lo que hagamos cambiará nuestras circunstancias para mejor.

“Cuanto más tiempo conviven los adultos con la obesidad, menos están dispuestos a proponerse bajar de peso, en particular si han intentado bajar de peso sin éxito muchas veces”, dijeron los autores de la Georgia Southern University.

Además, hacer dieta puede generar un bajo estado de ánimo en una persona, un fenómeno descrito en los años 1950 como “depresión por la dieta” por el difunto Dr. Albert J. Stunkard.

¿Qué debe hacer entonces una persona si tiene sobrepeso y está deprimida? No tirar la toalla y tratar de mejorar su ánimo antes de atacar el peso.

Empezar con la comida

Dado que un efecto colateral de algunos antidepresivos es la pérdida del apetito, el problema del exceso de peso y la depresión parece resolverse fácilmente con un frasco de comprimidos. Pero otros estudios constataron que el apetito aumenta con el uso prolongado de antidepresivos y comúnmente se asocia el aumento de peso a su utilización.

Un informe de los Centros de Prevención y Control de Enfermedades dice que más de la mitad de los adultos que estaban tomando antidepresivos reportaron no obstante una depresión de moderada a severa y eran obesos.

Uno de los problemas es que no todas las personas con problemas de peso comen porque tienen hambre; aun sin apetito, siguen comiendo para tratar de satisfacer necesidades emocionales. Además, los antidepresivos no ayudan a todas las personas que están deprimidas, dijo James E. Gangwisch, profesor adjunto de psiquiatría en la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva york.

Parece ir contra toda lógica tratar la obesidad y la depresión con la comida, pero eso es lo que sugiere parte de la investigación de Gangwisch. Su estudio publicado en American Journal of Clinical Nutrition en 2015 constató que consumir alimentos que elevan rápidamente los niveles de azúcar -también conocidos como alimentos de alto índice glucémico- aumentan el riesgo de depresión en las mujeres. Otros estudios han hallado resultados similares en otras poblaciones, dijo Gangwisch.

En el estudio de Columbia, que analizó los registros de más de 70.000 mujeres post-menopáusicas, a mayores niveles de azúcar y granos procesados consumidos por las mujeres, más probabilidades tenían de estar deprimidas.

Esto podría resultar sorprendente para quien piense en un puñado de bizcochos para darse un capricho, especialmente con leche. Y es cierto que los hidratos de carbono pueden disparar un proceso neuronal que libera serotonina, sustancia química del bienestar en el cerebro.

“Sin embargo, para que ese proceso se produzca, el alimento debe estar totalmente hecho de hidratos de carbono y consumido sin que permanezca ninguna proteína en el intestino”, escribieron Gangwisch y sus coautores.

Por esa razón Judith Wurtman, especialista en obesidad que escribe en Psychology Today, sugiere que aumentar los niveles de serotonina comiendo una pequeña cantidad de hidratos de carbono, como Cheerios sin leche o una rebanada de pan integral, con el estómago vacío un par de veces al día.

Alimentos como las cremas heladas, el yogur endulzado y los productos horneados hechos con huevo contienen suficientes proteínas como para bloquear la liberación de serotonina.

Pero sí elevan los niveles de azúcar en la sangre, lo cual puede provocar altibajos emocionales. “Si una persona se automedica por la depresión con dulces, puede lograr una subida de azúcar momentánea, pero en definitiva las caídas del azúcar pueden terminar exacerbando la depresión“, dijo Gangwisch.

Si bien el estudio sólo demostró una asociación entre los alimentos con alto índice glucémico y la depresión y no prueba que pueden causarla, Gangwisch dijo que probablemente modificar el tipo de alimentos que se consumen, aun sin cambiar la cantidad o tratar de bajar activamente de peso, podría mejorar el ánimo, lo cual sirve de ayuda al intentar adelgazar.

“Hágalo lo más indoloro posible”, aconseja, eligiendo alimentos de bajo índice glucémico que disfrute para no sentir privación. Esto puede resultar tan simple como cambiar los copos de maíz por copos de salvado, o la avena instantánea por avena cortada.

 

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El problema del ejercicio físico

El ejercicio regular y vigoroso mejora no sólo nuestra salud física sino también mental hasta tal punto que algunos médicos prescriben actualmente movimiento en lugar de medicamentos. Varios estudios han demostrado que el ejercicio aeróbico puede ser, en algunos casos, incluso más eficaz que los antidepresivos y se ha demostrado que la falta de ejercicio aumenta el riesgo de depresión.

Pero irónicamente, la mejor forma de levantar el ánimo es también la más difícil cuando se tiene sobrepeso o se es obeso.

“Cuando las personas están deprimidas, se sienten cansadas y letárgicas. Es difícil que las personas deprimidas hagan ejercicio físico”, dijo Gangwisch.

Incluso las personas con peso normal tienen dificultades para motivarse a hacer ejercicio. Menos de la mitad realiza la cantidad recomendada por los centros de prevención y control de las enfermedades.

Las personas excedidas de peso y obesas también pueden temer lastimarse físicamente o ser ridiculizadas al hacer ejercicio en público, aunque la mayoría de los fabricantes de indumentaria para gimnasia -incluido Nike- han reconocido que el afán de estar bien no es sólo para los esbeltos.

La Clínica Mayo, empero, dice que lo que mejora nuestro ánimo es el movimiento y no hay necesidad de correr 5 kilómetros para mejorar el estado mental.

“Ciertamente, correr, levantar pesas, jugar al básquetbol y otras actividades físicas que hacen bombear el corazón son útiles. Pero también puede serlo una actividad física como la jardinería, lavar el auto, dar vuelta a la cuadra o emprender actividades menos intensas. Cualquier actividad física que nos saca del sillón y nos hace mover puede mejorarnos el ánimo”, dice la Clínica Mayo.

Y no tiene que durar una hora. Apenas cinco minutos de movimiento pueden tener un efecto positivo en nuestro ánimo, más todavía estando al aire libre y expuestos a la naturaleza y la luz, que se cuentan entre las otras estrategias recomendadas para mejorar el ánimo.

 

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Concentrarse en estar contento

En la Inglaterra del siglo XVIII, un escocés extremadamente obeso llamado George Cheyne se hizo popular con libros que editó para estar saludable. Cheyne, un médico que en un momento llegó a pesar 459 libras, sufría de depresión, bebía en abundancia y escribió sobre sus dificultades en su libro llamado “The English Malady”.

La depresión de Cheyne se debía en parte a la culpa derivada de su fe anglicana, dijo Anita Guerrini, profesora en la Oregon State University y autora de “Obesity and Depression in the Enlightenment: The Life and Times of George Cheyne”

Sentía que ser gordo era pecaminoso; sentía culpa por llevar un estilo de vida tan pródigo“, dijo Guerrini.

Cheyne extrapoló que gran parte de la sociedad inglesa sufría de la misma serie de males a los que llamó “The English Malady” (La enfermedad inglesa).

“Pensaba que los ingleses habían sido demasiado exitosos y se mataban comiendo y vivían en ciudades que no los hacían felices”, dijo Guerrini. Decidió que la solución involucraba no sólo cambiar su alimentación sino “mantener la mente calma y serena” y una de las formas en que lo hizo fue leyendo novelas y la Biblia.

“Pensaba que tener una buena vida espiritual era importante”, dijo Guerrini.

Cheyne nunca llegó a ser esbelto, pero a la larga perdió la mitad de su peso corporal con una receta que en la actualidad se describiría como “todo con moderación”.

Trescientos años más tarde, es una filosofía a la que adhiere Freedhoof, el médico especialista en obesidad de Ontario.

Si usted ya está luchando con una depresión y, en muchos casos, esto se asocia a la culpa, no tener éxito con sus cambios de conducta planeados puede empeorar las cosas“, dijo Freedhoff.

En vez de esforzarse por tener un peso o un talle ideales, las personas deben fijarse como objetivo ser felices, dijo Freedhoof, autor del libro de 2014 “The Diet Fix”. Esto no quiere decir que el peso no importa -la obesidad causa enfermedades y acorta la expectativa de vida- pero alcanzar un peso saludable involucra, para la mayoría de las personas, cambios pequeños y manejables.

Por ejemplo, Freedhoff considera que se deben cocinar los alimentos en el hogar y no sucumbir a los males de las comidas rápidas, pero mientras se hace la transición, aconseja no obsesionarse con preparar, digamos, salmón capturado en la naturaleza relleno con ajo y repollo, sino comidas que se disfruten con la familia.

Quizá tener más experiencia en la cocina con respecto a las comidas menos saludables le permita adquirir las habilidades y el consuelo que necesitará para mejorar lentamente su repertorio y al hacerlo transformar la cocina en un lugar donde realmente disfruta estar“, escribió Freedhoff en su blog.

Para él, “En lo que a calidad de vida respecta, no dudo ni por un instante que la salud mental es mucho más importante que lo que pesa una persona”.

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