Independientemente de su entusiasmo por los encuentros de la selección, del equipo de sus amores o de esos ‘clásicos’ que para todos los amantes del fútbol es pecado perderse, él tiene una pasión única por ese deporte por el que alguna vez sentí celos.

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No podía ocultar mi incomodidad. Recurrí a artículos relacionados con mi malestar: ‘¿por qué a los hombres les gusta tanto el fútbol?’, no me sirvió en lo absoluto. No se trataban de ‘los hombres’, se trataba de él.

Tenía que haber algo más, ¿comprenderlo? ¿involucrarme? ¿compartir su pasión por el deporte? Sin presiones y por iniciativa propia, probé las tres y fue todo un éxito.

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Antes de conocerlo, no sabía lo que era ser hincha, mucho menos había pisado un estadio para alentar a un equipo. Me gustaba el fútbol, incluso alguna vez lo jugué. Conocía algunos términos como ‘foul’, ‘corner’ y ‘offside’, pero ninguno más. La verdad no me interesaba.

Tener una relación amorosa en torno a entrenamientos, partidos y tareas, no fue nada fácil al principio, pero me involucré. Si lo amaba a él, tenía que amar su más grande pasión. Ahora, no es que sea amante de algún equipo, pero conozco mucho más de este lindo deporte, lo vivo con él, compartimos pasiones, vibramos juntos, soy su hincha.

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Conocí sus horarios de entrenamientos y los acepté. Pasamos fines de semanas trotando por el malecón, comiendo saludable, viendo televisión y me gustó. Me hizo parte de esto y sin darnos cuenta, pasábamos mucho más tiempo juntos, teníamos más temas en común, entendía casi todos sus términos futbolísiticos y nuestro amor había incrementado.

Ya no nos perdemos ningún ‘clásico’, vamos al estadio y estoy a su lado cada vez que puedo. Finalmente comprendí que para él, el fútbol es un gran compromiso, pero yo, el más importante de todos.

Redactado por Gabriela Villena