¿Qué hacer si no me gustan los amigos de mi hijo? Guía para madres preocupadas
No siempre los amigos de nuestros hijos nos genera tranquilidad. Antes de prohibir o confrontar, los especialistas recomiendan entender el contexto.
No siempre los amigos de nuestros hijos nos genera tranquilidad. Antes de prohibir o confrontar, los especialistas recomiendan entender el contexto.
Llega un momento en la vida de toda madre en el que observa con atención el entorno de su hijo. La adolescencia y la juventud traen nuevas amistades, nuevos códigos y, a veces, inquietudes. Cuando esos amigos no generan confianza o despiertan dudas, la preocupación es natural. Sin embargo, la forma en que se maneje esa inquietud puede marcar la diferencia entre fortalecer la relación con el hijo o deteriorarla.
La pregunta no es solo si esas amistades son adecuadas, sino cómo abordar el tema sin romper la comunicación.
Desde la psicología evolutiva se reconoce que la adolescencia es una etapa en la que los pares adquieren una influencia determinante. Los jóvenes buscan pertenecer, experimentar y diferenciarse de la familia.
La psicóloga clínica especializada en adolescencia, cuyos enfoques coinciden con la Asociación Americana de Psicología (APA), señala que “prohibir sin diálogo suele generar mayor atracción hacia aquello que se intenta evitar”. Es decir, cuando un padre reacciona con imposiciones, el adolescente puede cerrarse o reforzar la relación con ese grupo.
No todos los temores están basados en hechos concretos. A veces la incomodidad surge por diferencias generacionales, estilos de vestir, lenguaje o gustos musicales.
Antes de intervenir, conviene preguntarse:
- ¿Existe una conducta realmente riesgosa?
- ¿He observado cambios preocupantes en mi hijo?
- ¿Estoy reaccionando por miedo o por evidencia?
Si hay señales como consumo de sustancias, agresividad o abandono escolar, el tema debe abordarse con mayor firmeza. Pero si solo se trata de diferencias de estilo, el diálogo suele ser más efectivo que la prohibición.
El tono es determinante. En lugar de decir “no me gustan tus amigos”, puede funcionar mejor expresar preocupación desde la experiencia.
Frases como: “He notado algunos cambios y quiero entender cómo te estás sintiendo” abren conversación en lugar de cerrarla. Los especialistas coinciden en que la escucha activa fortalece la confianza. Cuando el hijo siente que puede explicar su punto de vista sin ser juzgado, es más probable que comparta información relevante.
Conocer a los amigos, invitarlos a casa y observar dinámicas puede ofrecer más información que una prohibición inmediata. Mantener presencia adulta sin invasión permite evaluar mejor la situación.
La psicología familiar recomienda mantener límites claros en el hogar, pero evitando la descalificación directa de las amistades. Criticar abiertamente a un amigo puede interpretarse como ataque personal.
Si existen comportamientos que ponen en riesgo la seguridad física o emocional del hijo, la intervención debe ser clara y directa. En estos casos, puede ser útil buscar apoyo profesional.